Ya es hora de levantarme, pero no lo hago, como en ya casi 20 años. ¿Cuál es la necesidad de "descansar" 10, 20 o 30 minutos más si terminaré corriendo hasta mi clase? Me levanto al fin, me pongo a merced del agua fría y salgo, corriendo, a clase. Desde que pasaron los tiempos de Rocha, con Cervantes, Dante, "Todos tienen premio, todos", He loved Big Brother y la mejor fragancia jamás concebida, no creí que estaría nuevamente en clase de Literatura. Clase que inspira la entrada de hoy.
Tras cerrar la discusión sobre una novella muy corta, "Tristessa", comenzamos a leer la escritura automática que debíamos haber hecho. Esperando poco, tuvimos tanto. Un gracioso poema sobre el asesino que espera en la cocina ("perra, ¿por qué me engañaste? / mientras la mato, la puta me dice algo que no entiendo / creo que dijo perdón / aunque también pudo ser cabrón"), una historia llena del viernes de papas y un molesto compañero de asiento en el micro, así como algo más que ya no alcancé a escuchar sobre otra decepción en el amor. Así, bastante sorprendido porque disfruté todo lo que escribieron mis compañeros, me dirigí a escuchar una conferencia mucho menos impresionaste, aunque mostraba que algo se avanza en la inclusión de los discapacitados a la vida cotidiana.
Acabando la conferencia, pude haber regresado a mi cuarto; dormir, leer, jugar o descifrar partituras. Pero no, tuve que ver a mi equipo, trabajar en diagnosticar a una empresa que fabrica insecticidas naturales y agua oxigenada. Mi desgano era grande, pero el hacer esto en planea semana de exámenes sería fatal. Las tres horas pasaron en avances, side-quests, comida china y una petición de Sergio de que nos viéramos en Las Copotas a las 5. Me fui por fin a mi cuarto y ahi, el sueño fue mío, aunque después este se apoderó de toda lógica y me llevó, como siempre, por extraños parajes tan inexplorados de formas legales (no me imagino los viajes que Mary Jane u otras me harían pasar). Dos horas después, a pesar de ser las 5, un nuevo día comenzó con un desayuno de pizza y refresco, pasaría una hora para que David regresara con su coche y, entonces, poder regresar a Comacondo.
La sorpresa fue que el no quería manejar su coche (¿milagro o mal presagio?), por lo que tuve que embarcarme en una de las cada vez más frecuentes y disfrutables aventuras estándar. Los siguientes 120 minutos viajaba en espacio, pero también 7 años en el pasado, cortesía de uno de los tres discos que me acompañaron en decenas de horas a través de la carretera hacia Palenque y demás rincones de Chiapas.
Siempre pasando de segunda a tercera, a cuarta, y regresando siempre a segunda por los topes que la comunidad muy amablemente nos hace el favor de poner por el Bien común.
Llegamos a casa a las 7, me quedé en un año atrás, y, de alguna forma, siete horas pasaron frente a la tele, más de mi cuota semanal. Me reí con Gregory House, pero en medio de ver a Malcolm, pasó un comercial de Multi-O, que hablaba de cómo las mujeres tienen igualdad de derechos: han obtenido el voto, el poder trabajar y, claro, de tener multiorgasmos. Siendo las 8:15 de la noche, mi hermano Félix, a sus 8 años nos preguntó que qué eran los multiorgasmos. Fuera de el silencio que siempre acompaña a estas preguntas que hacen los niños, me puse a pensar en cómo hace 9 años apenas y pasaban esos ambiguos y poco claros comerciales de Kotex ya tarde y no en medio de la programación de las 8 de la noche en el Canal 5. Lo mejor es que luego nos llenan de sus niños diciéndonos que si tenemos el valor o nos vale. En fin ¿qué carajos les pasa por la mente a quienes venden estos spots publicitarios?, acaso "claro, mientras está reunida la familia vendamos el producto a los padres, mientras que hacemos una inversión a 10 años con estos niños: que vean que las niñas tienen derecho a ser multiorgásmicas". En corto, ya ni chingan.
Luego, dado mi nuevo hábito de enterarme lo que pasa en el mundo, aunque sea con el Publimetro, decidí que vería el Notifiero de Brozo al acabar otros dos casos del Doctor House. Mientras me reía del giro a lo que había leído a lo largo de la semana, el día se fue acabando y yo, apenas empezaba un fin de semana binomial: tener éxito o fracaso en estudiar lo suficiente, en practicar música, en continuar mi lectura de Lovecraft y en poder dispersarme lo suficiente para estar relajado y concentrado.
1 comentario:
Ay, épocas doradas de Rocha....
se extrañan esos días. En cuanto a los malos comerciales... ay, y eso que no has visto el TE VERDE de M force, y no has oído la cumbia del condón en la radio... ay ay...
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