Esta vez, Afshin compensó el no haber celebrado su cumpleaños el año pasado, pues no sólo la pasé muy bien, sino que vi una faceta de Afshin que no sabía que existía. Al llegar, de entre unas veinte personas, sólo a Víctor conocía. Afortunadamente, poco después llegó Juan, el joven Julián y la joven Bere. Platicamos de todo, y, como siempre, parecía que dos años no han pasado desde que dejamos de compartir clases. También estuve un rato con Thalia (a quien tenía un buen rato de no ver) y con Juan Carlos, un ITC que va en Aikido, y con el que he tenido tres clases (como Literatura este semestre).

Manuel, Afshin y Bere

Ahora yo

Qué feliz se ve Afshin

A Afshin le gustó su bola de fuego

Julián, moi, Daniel, Juan y Clo

Aww

Gente que no conozco

Thalis y yo
Después de ver a Afshin cantar, en grupo, abrazando a otros hombres, las acciones de mi hermano Happy Happy Joy Joy eran bastante más normales. Realmente no hizo nada, sólo contarle a Bere que odié “Across the Universe”, empujar a Daniel, Julián y Juan de sus sillas, y sincerarse sobre trivialidades.

La plática se pone seria

Y aquí también
Acompañamos a Dan a buscar cigarros, y fallamos, aunque dos arranques de euforia transformados en correr fueron bastante divertidos. Llegó el momento en que Víctor tuvo que irse, y lo acompañamos hasta su coche. Coincidentemente, llegaron los padres de Bere, quienes fueron entretenidos por los papás de Afshin por poco más de una hora. Llegó la hora y todos debimos irnos, aunque no sin una sonrisa y otro buen recuerdo para años futuros.
Al día siguiente, Daniel (quien se quedó a dormir con nosotros), Claudio y yo fuimos al Toks de Acoxpa, el cual parece estar convirtiéndose en el lugar post-fiestas (no le llamo de crudas, ya me conocen). Estaba cansado y con unas ganas increíbles de ir a acostarme a mi cama en el Edomex, pero, cuando íbamos a llegar, nos llamaron para que fuéramos en familia al cine. Ok, sonaba bien, más la película que vimos me hizo querer vomitar. “Rendirse jamás” o “Never back down” cae en mi categoría de películas pretenciosas (que creen dar un mensaje).

Para que sepan, para mi, existen tres tipos de películas: con mensaje, pretenciosas/que creen dar un mensaje y sin mensaje/que no se toman en serio. Ejemplificaré con películas de guerra: Full metal jacket, Pelotón y Una guerra de película. Las primeras te hacen pensar, las últimas sólo son entretenidas y son buenas para pasar el rato, pero las segundas son las que hay que evitar ver. Una razón por la cual detesto el nuevo cine mexicano es que sólo se compone de escenas explícitas de sexo, drogas, corrupción y de mentar madres al por mayor, con las cuales pretenden hacernos reflexionar con un “mensaje” “profundo”.
En fin, terminado el paréntesis no planeado, la película era sólo una glorificación de la violencia, de ver lo “bueno” de mezclar artes marciales (es decir, de ver cómo tomar las técnicas más fuertes y no todo el contexto y el do, el camino que debe seguirse en cualquier arte marcial), y claro, un cliché de un tipo perdedor que se supera y se queda con la chica.
Regresamos a casa, y cumplí, con creces, mi deseo de acostarme un rato. Me recosté a las 6PM, planeaba despertarme a las 7 y hacer algo de tarea, pero desperté a medianoche, confundido y hambriento. Cené y volví a dormirme, pues al día siguiente teníamos mucho que hacer.
Fue uno de esos domingos prefabricados: ir a misa, al panteón, pasar por un café y regresar a hacer maleta para la semana en el departamento. Además debo de buscar tiempo para practicar piano y violín, así como hacer tarea. A medianoche, que es cuando me duermo en los domingos, he cachado Ugly Betty en el Sony, y ha resultado ser un buen programa al que, tal vez, le de una oportunidad en el futuro.
La siguiente semana se resume en sólo trabajo (y en gripa). Me dolío, pero para poder hacer toda mi tarea y trabajos, debí de no ir ni a Aikido ni a música. Ha resultado que este semestre no es light, sino alto en grasas y carbohidratos (conversaciones con Claudio y Víctor confirman que no sólo lo es para mi). Lo bueno es que pasó, aunque ese fin de semana no fue tan relajado como lo hubiera querido. El sábado nos levantamos temprano para ir a ver a mi abuelita Elba a su última presentación de Danzón, después de la cual fuimos a comer al famoso (no que yo lo supiera) “Salón Corona”. Frente a él, había una librería, en la cual encontré y compré las novelas de “The fight club” y “2010: Odyssey Two”. Al regresar a Comacondo, comencé a estudiar, pues la siguiente semana empezaría exámenes.

Primero debo de er la película nuevamente, y luego leer la novela.

Tiene como 10 años que vi la película, tal vez ahora sea mejor empezar con el libro.
1 comentario:
No he visto fight club... y pues en cuanto al semestre, asi pasa a veces. yo terngo varias misiones dificiles de cumplir (empezando por la mision disfraz...) pero luego les cuento de eso.
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